Insuficiente logística de salud, es una de las herencias de Lenín Moreno

Falta de infraestructura y equipos médicos, problemas en el proceso vacunación y alta desnutrición infantil son parte de la factura que deja el presidente Lenín Moreno.

Era difícil acceder a un espacio en un hospital público, antes de la llegada del COVID-19. Para finales del 2019, había apenas 14 camas por cada 100.000 habitantes en Ecuador, una cifra baja en comparación con los demás países de la región, muy lejos de las casi 50 camas que registró Argentina o de las 24 que registró Uruguay, en 2018, según los datos más actualizados recogidos por el Banco Mundial.

No era nuevo ese bajo nivel de camas hospitalarias en el país. Desde finales de los noventa, el índice ha variado entre las 14 y las 16 camas, de acuerdo con las cifras oficiales del Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC).

Lenín Moreno Garcés no consideraba que la infraestructura hospitalaria signifique un problema para el país, cuando aún era candidato a la Presidencia de la República, en 2017. En su plan de gobierno dejó sentado que eso ya había sido resuelto por su antecesor, Rafael Correa.

“Los avances en el área de salud son notables”, señala el documento, que resalta que la infraestructura era excelente y que se había logrado una distribución más equitativa del personal de salud en el territorio nacional. Lo que faltaba era trabajar en la promoción y la prevención.

Durante el gobierno de Moreno no se implementó ningún programa visible de salud, afirmó Esteban Ortiz Prado, docente investigador de la Universidad de Las Américas (UDLA). No hubo planes de vacunación o de combate a la mortalidad infantil y materna, o contra el tabaquismo. “Este gobierno empeoró o mantuvo igual muchas de las cosas que no han cambiado históricamente”, concluye el especialista.

Las obras sanitarias escasearon en el mandato de Moreno, quien inauguró el Hospital del IESS Quito Sur, en diciembre del 2017, proyecto que se inició en el mandato anterior y dejó inconclusas dos obras importantes: el Hospital Napoleón Dávila Córdova (de Chone) y el Hospital de Pedernales, ambas entregadas a la empresa china CAMC Engineering.

La inversión en salud fue del 8,3% de su producto interno bruto (PIB) en 2017 y el 8,1% en 2018. Esta cifra, la más actualizada por el Banco Mundial, colocó al país en el quinto puesto de Sudamérica. El primero fue Argentina con el 9,6%; y el último Venezuela con el 3,6%.

El número de médicos por cada 100.000 habitantes subió escasamente, de 205 en 2016 a 234 en 2018, según la última cifra disponible; desde entonces ha habido algunos cambios. A finales del 2019, el Gobierno terminó el convenio que tenía con médicos cubanos que trabajaban en el país y, a inicios del 2020, recortó el personal sanitario en los hospitales. Luego, la Ley Humanitaria habilitó que muchos profesionales de la salud sean contratados con nombramiento.

La tasa de muertes dentro de los hospitales se redujo. En 2016 se registraban 17,1 decesos por cada 1.000 egresos hospitalarios. Para 2019 la cifra bajó a 16,4 fallecimientos.

Lo que no cambió fue la cantidad de camas hospitalarias per cápita. Las camas aumentaron, pero en la misma proporción la población. Moreno recibió un país con 14 camas por cada 100.000 habitantes y la cifra no varió hasta finales del 2019.

La ocupación se mantenía siempre al límite, con el 90% de las camas ocupadas, algo que contradice las normas internacionales, recuerda el médico Miguel Crespo Íñiguez, que en esa época trabajaba en la sala de emergencia del Hospital Carlos Andrade Marín, de Quito, Según este especialista esa cifra no debería superar el 75%.

solo los médicos y los pacientes que llegaban a esa casa de salud, atestiguaban esa saturación, pero cuando llegó el COVID-19, la insuficiente infraestructura sanitaria se hizo evidente para todos. En varias ocasiones, el sistema de salud del país ha colapsado frente a la afluencia de pacientes con COVID-19.

Si bien las unidades de cuidados intensivos (UCI) se incrementaron año a año, esto no pudo contener la pandemia. De acuerdo con el INEC, el Ministerio de Salud Pública (MSP) y el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) disponían de 316 UCI en 2016 y la cifra ascendió a 710 en 2019. Ahora, ambas instituciones cuentan con 1.069 UCI, informó hace dos semanas la Presidencia de la República.

Se desconoce cuántas UCI hay en total en todo el país y en qué ciudades están instaladas. Esa falta de información es, para la epidemióloga Andrea Gómez Ayora, una de las fallas cometidas por el Gobierno en el tratamiento de la pandemia.

“La mayor debilidad en toda la pandemia ha sido la falta de comunicación de riesgo a la población”, señala Gómez. No se le ha dicho, por ejemplo, qué probabilidad de contagio hay en cada cantón ni se ha mostrado una curva epidemiológica que permita identificar en qué fase de la pandemia estamos.

La baja capacidad para diagnosticar coronavirus es otro error, menciona la especialista. La cantidad de pruebas PCR que se analizan en Ecuador es muy baja. Es el país de la región que ha realizado menos exámenes per cápita.

Fuente: Pichincha Universal, Diario Bicentenario

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