Jaime Nebot: Hay candados constitucionales que le privan al pueblo de su derecho a decidir su destino y tiene que destruirlos

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El líder socialcristiano da detalles de cómo podría funcionar un federalismo “a la ecuatoriana”, pero aclara que el camino para llegar a este será largo.

Que se implemente en el país un modelo de Gobierno federal es una decisión que pasa, primero, por la concientización al pueblo; luego, por un gran pacto nacional en el que se discutan sus detalles; y, finalmente, por la “destrucción” de los candados constitucionales que impiden que los ecuatorianos se pronuncien directamente respecto a lo que desean para sus vidas. Es la hoja de ruta que plantea el líder socialcristiano y exalcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, para concretar su propuesta de “república unida y federal”.

Nebot señala que hay un equipo de personas de varias provincias e ideologías que ya está trabajando en ella, pero advierte que no es algo que se implementaría de inmediato. Aclara, además, que no tiene nada que ver con la cercanía de las elecciones seccionales.

¿Cuál es el modelo de federalismo que usted plantea para el país?

Yo hablo de una república unida y federal. Esa república mantiene un Estado central debidamente financiado con una serie de competencias, como la política monetaria, la defensa nacional, las relaciones internacionales y el manejo del petróleo y minería. Pero en el modelo tienen gran fuerza los poderes locales, las provincias y las ciudades, que tienen que tener —y no es solo una cuestión de rentas— la capacidad normativa para resguardar el libre ejercicio de su cultura, idiosincrasia y visión. El Estado central es el que envuelve la unidad de los poderes estatales, locales, que deben tener asimismo las normas necesarias para proteger el manejo cualitativo y cuantitativo de las rentas que les corresponden por Constitución y por ley, que no son todas las que generan. Pero no puede ser posible que continúe lo que está ocurriendo, por ejemplo, con los ingresos petroleros. El 10 % de las rentas petroleras, que son ingresos no permanentes, corresponden a los Gobiernos seccionales; pero, cuando cae el precio del petróleo, es obvio que ese porcentaje está representado por una cantidad menor que la que se presupuestó; tiene que reducirse en el porcentaje de la baja del precio, pero la reducen en la cuantía que les da la gana: eso es centralismo perverso. Ahora pasó que el precio del petróleo subió considerablemente, pero lo que suben es un mínimo porcentaje. Y aparte, esas rentas, que no debía manejar el Estado, las entrega con tardanza. Y eso es solo un ejemplo. Aparte, el Estado central debe crear un fondo solidario de compensación entre provincias que son deficitarias. Hay que comprender algo: un modelo de gobierno no garantiza el éxito económico general nacional. Le pongo un ejemplo: Estados Unidos es federal y le va bien; Argentina es federal y le va pésimo. ¿Por qué? Porque tienen políticas distintas. El uno tiene políticas de crecimiento, de inversión, de estímulos, de bajos impuestos, pero con gran capacidad de recaudación. La otra, lo contrario. Igual que Ecuador: fiscalismo, más impuestos, sacar plata al pueblo, a las empresas; suben los precios, bajan los ingresos. Paralelamente a cualquier modelo de ordenamiento territorial-político-administrativo tiene que haber una administración económica que tenga como objetivo el bienestar común.

Pero entonces los problemas no los da solo el modelo, sino los políticos y sus ideologías…

Son las dos cosas, porque con la parte económica de crecimiento y bonanza usted aplica un modelo de distribuirla con justicia y democracia. Un modelo de república unida y federal garantiza a los poderes locales el trato justo para recibir lo que les corresponde; y con las políticas, que se reparta desarrollo y no miseria.

¿Y si en las urnas no gana el que tiene la visión de desarrollo?

Le irá mal con cualquier modelo de gobierno. Pero si, además de ese mal presidente, usted tiene un centralismo corrupto y asfixiante que hace al Estado fallido, al pueblo le irá peor. Son cosas paralelas.

Y también le puede ir mal con el federalismo entonces.

Sí, también, pero los repartos son juntos, y el respeto a las idiosincrasias y normas sí funcionaría.

¿No es utópico pensar que confluirán ambas cosas en la vida política del país?

Cuando hablemos del pueblo, le diré por qué ahora no tiene ninguna de las dos.

¿Cómo sería un modelo “a la ecuatoriana”?

Lo que se llama federalismo tiene moldes macro que son los que hemos conversado, pero hay que adaptar a la realidad nacional. Por ejemplo, ¿qué pasará con el petróleo? ¿Es cierto que se generará más burocracia? ¿Van a desaparecer las provincias? Le explico esos tres temas, pero hay más. Petróleo: En Estados Unidos, el crudo es federal, pertenece al estado donde se genera; en Canadá no. En Ecuador debe continuar siendo un bien nacional del que participan todos los niveles de gobierno. Luego, las provincias no van a desaparecer; eso es mentira; van a seguir llamándose así y su territorio se respetaría. Hay otros que dicen que habrá 24 asambleas, y yo les digo que, si con una ya estamos hasta aquí, imagínese con 24. El organismo legislativo podría ser el consejo provincial, que está integrado por el prefecto y los alcaldes; no tiene que crearse nada nuevo. No se puede cometer el error de España, que tiene cuatro niveles de gobierno: el europeo, el nacional, el local y, en vez de hacer que el nivel local se funda con el autonómico, crearon un nivel intermedio, lo que es una locura. Eso no puede hacerse en Ecuador.

¿Cómo se alimentaría este fondo solidario?

La riqueza nacional hoy se reparte así: 21 % de los tributos, que son ingresos permanentes, y el 10 % de los no permanentes, el petróleo, a las ciudades y provincias. Ese porcentaje debería cambiar: debería ser menos para el Estado central y más para los Gobiernos locales. ¿Cuánto? Eso es fruto del análisis, del estudio, de la discusión. Una parte del dinero debería ir al fondo provincial y otra a la provincia donde se genera la riqueza. Y aquí viene otra cosa: si una empresa tiene su domicilio en Quito, ¿dónde se reporta la tributación? Tiene que hacerse la facturación local. Lo que se consuma en Guayas se reporta en Guayas.

Para eso se necesita una reforma tributaria…

Sí, pero para lo que estamos hablando del modelo se necesita una reforma constitucional.

¿Cuánto tiempo duraría este fondo solidario?

No se puede dejar a una provincia inerme; eso no es solidario. Eso no sería justo tampoco. ¿Hasta cuándo debe existir? Cuando haya esa mezcla que a usted le parezca utopía: una buena forma de gobierno con una generación de crecimiento en el país que permita repartir riqueza y no miseria.

¿No es mejor perfeccionar lo que ya se tiene en cuanto a la entrega de competencias a los Gobiernos locales?

Árbol que nace torcido nunca más se endereza. Los municipios y prefecturas tienen un nombre rimbombante de Gobiernos autónomos descentralizados, y no son ni lo uno ni lo otro.

El PSC ha tenido, por ejemplo, en los Congresos de los años 90, un número importante de diputados; igual en la Asamblea Constituyente de 1997-1998, pero su bloque decidió retirarse. ¿Por qué no plantearon esto entonces?

No hemos tenido mayorías nunca. Hemos sido, a veces, la mayor minoría. Pero resulta que nuestros aliados nunca nos acompañaron en estas reformas. En la Constituyente nos retiramos porque se venció el plazo que el pueblo había dado y querían seguir adelante. Ahí teníamos la mayor minoría y nos aliamos con la Democracia Popular, con la que completamos la mayoría. Nombramos presidente a Oswaldo Hurtado, con un compromiso de varios de puntos. Uno de ellos era la reforma previsional: prohibirle al Estado que tome el dinero del seguro social y que se destine a salud, construcción y pensiones jubilares dignas. Llegó el momento de la votación y cuatro o cinco de ellos echaron todo al traste. Entonces, en lugar de tener un sistema justo, tenemos este saqueo a la seguridad social. Por eso, yo no creo en las asambleas constituyentes. Imagínese una Asamblea Nacional igual o peor que la de ahora, con poderes supremos. Nada bueno le pasaría al país.

¿Uno de esos puntos era la autonomía y la descentralización?

Sí, toda la vida hemos planteado eso. Y no digo que no se haya avanzado en descentralización y autonomías, pero el Estado central sigue practicando sus viejos trucos e injustos procedimientos. No me digan que se puede remendar esto.

¿Cuál es la hoja de ruta para elaborar la propuesta?

Pronto se sabrán los nombres de las personas involucradas. Lo que le puedo decir es que son de varias provincias e ideologías. Lo primero que hay que hacer es difundir lo que es este sistema de república federal y unitaria, porque quien no conoce el tema no puede aceptarlo o rechazarlo o normarlo. Luego, cuando eso ocurra, hay que crear un pacto social y discutir los detalles. Usted me ha tocado algunos, pero hay más… Y luego viene el papel del pueblo, que es el tema más difícil, por los candados constitucionales inmorales que hay.

¿Cuál es la vía constitucional para llegar al federalismo?

La mala noticia con respecto a esto. Se han creado candados constitucionales que le privan al pueblo de su derecho a decidir su destino. Un camino: la consulta por iniciativa popular para decidir sobre organización territorial está prohibida, no se puede hacer. Otro camino: el presidente de la República no tiene esa prohibición, pero el procedimiento pasa por la Asamblea Nacional, y la Asamblea con 70 votos puede prohibir que el pueblo se pronuncie. ¿Qué tipo de democracia es esta donde 12 o 13 millones de ecuatorianos pueden ser impedidos de votar y decidir por 70 personas?

Pero se supone que esas 70 personas son sus representantes, votaron por ellas…

Perdóneme, si usted me hablaba de utopías hace un momento, esa es la más grande mentira de todas. Ahora, si se quiere reformar la Constitución y quiere tocar el capítulo de cómo reformarla, lo mandan a una asamblea constituyente. Y ya le describí como sería. La salida, entonces, es el pueblo.

¿Pero cómo?

Con la concientización, para que el pueblo no siga eligiendo personas que hacen esto, que le cortan su posibilidad de decidir. Usted me dirá que eso es difícil, pero a medida que las cosas empeoran es más fácil. Yo siempre digo algo: los grandes proyectos no tienen plazos, tienen metas, y hay que empezar a caminar a un ritmo lo más acelerado posible para que se concrete el cambio. Si usted me pregunta si esto que propongo se puede hacer hoy día, con la Asamblea de hoy, la respuesta es no, porque está prohibido en un caso, e imposible en otro si no hay 70 votos.

¿Y qué puede hacer el pueblo entonces?

Si el pueblo no se apersona, si no reflexiona sobre este modelo que no sirve y que genera un descontento social, pues ya no hay salida. La sociedad debe presionar por todos lados y acabe votando por un cambio que permita a los organismos responsables de aquello obedecer al pueblo.

Pero obedecerlo no debería implicar irrespetar la Constitución y las leyes…

¿Y quién está primero, el pueblo o la Constitución? Al pueblo le corresponde destruir esos candados.

¿Hay plazos para presentar la propuesta?

En el menor tiempo que se pueda… Quien cree que esto es mañana está equivocado, y siempre lo dije. Los caminos más largos y más difíciles son los que hay que acometer.

Ecuador es el país de los escándalos políticos en los que una cosa va tapando otra. ¿No cree que el tema se irá diluyendo en el debate público?

Si el pueblo deja que los escandalillos y escandalazos que se producen aquí todos los días lo distraigan de su meta principal, que es vivir bien y lograr la prosperidad, será su culpa. El pueblo también tiene derecho a equivocarse.

Usted hace esta propuesta en vísperas de elecciones…

Esto no tiene nada que ver con las elecciones. Pero eso no quiere decir que no digamos lo que pensamos. (I)

Fuente: El Universo, Diario Bicentenario

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